
Moralistas franceses
1613 – 1680 · París
Fue un noble que conspiró, perdió, quedó desfigurado por un disparo y se retiró a escribir quinientas frases demostrando que ninguna buena acción es del todo desinteresada.
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
François VI, duque de La Rochefoucauld, pertenecía a una de las familias más antiguas de Francia. Se metió en política joven y del lado equivocado: conspiró contra Richelieu, estuvo preso en la Bastilla y desterrado en sus tierras.
Participó a fondo en la Fronda, la rebelión de la nobleza contra el poder real durante la minoría de Luis XIV. En el combate del arrabal de San Antonio, en 1652, un disparo de arcabuz le atravesó la cara y estuvo a punto de dejarlo ciego. La revuelta fracasó y él se quedó sin poder, sin dinero y con la cara marcada.
Se retiró a los salones de París, sobre todo al de madame de Sablé, donde se practicaba un juego de sociedad: componer máximas. De ahí salieron las suyas. Publicó cinco ediciones entre 1665 y 1678, corrigiendo sin parar. Murió en 1680.
El siglo XVII francés inventa el salón: un lugar donde la aristocracia analiza en público la conducta humana con una lucidez casi quirúrgica. La Rochefoucauld escribe desde el desengaño de un derrotado que ha visto de cerca las motivaciones reales de la gente que se decía movida por el honor.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
Su tesis central: detrás de la generosidad, del valor y de la virtud hay siempre un interés propio, aunque el interesado no lo sepa. Es el antecedente directo de todo lo que después dirían Nietzsche y Freud.
La máxima que abre el libro y que da el tono de las quinientas siguientes.
Una máxima suya tiene dos líneas y desarma una creencia entera. La forma breve no es un adorno: obliga a que la idea aguante desnuda.
No propone corregirse ni se indigna. Describe, y esa frialdad es lo que hace que incomode tanto.
Léelas sueltas y pocas de una vez. Son quinientas cuatro y leídas seguidas se convierten en un zumbido; de diez en diez, cada una se sostiene.
Empieza por la primera —«nuestras virtudes son casi siempre vicios disfrazados»— y sigue por las que hablan del amor propio, la amistad y la vejez.
Es un libro para tener a mano y abrir por cualquier parte, no para terminar.
Aquí están las «Máximas». Faltan sus «Memorias» sobre la Fronda y las «Reflexiones diversas», textos algo más largos y menos conocidos.
Para seguir por el mismo camino, Baltasar Gracián está en Clasicalia con su «Oráculo manual»: el equivalente español, veinte años anterior y con otra finalidad —Gracián enseña a defenderse, La Rochefoucauld solo diagnostica.
También: frases de La Rochefoucauld, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Se le ha llamado así siempre. Él respondería que solo describe lo que ve. Que resulte incómodo es parte del efecto.
No, y no conviene. Es un libro para dosificar.
Las frases son cortas y claras. Lo difícil es aceptarlas.
Gracián enseña a manejarse en un mundo hostil; La Rochefoucauld solo lo retrata. El español es más útil; el francés, más demoledor.
En Nietzsche, que lo admiraba abiertamente, y en toda la tradición moralista francesa: Chamfort, Vauvenargues, Cioran.